¿Como Sobreponerse a la Adversidad?
11 de Septiembre del 2001

Una soleada mañana de Septiembre del 2001 estaba yo terminando de tomar mi café en la cocina cuando mi hija de 16 años gritó desde su cuarto: "¡Mami, mami, hubo un accidente en las torres gemelas de Nueva York y un avión acaba de impactar…!" Puse la taza de café encima de la mesa y corrí hacia la habitación de mi hija que estaba viendo el canal de Univisión. Asi como ví aquel impacto con mis ojos humanos, tambien lo ví con mis ojos espirituales y emocionales. Sentí al dolor que esto traería a miles de victimas y familiares de aquellos que trabajaban en estos majestuosos edificios y a toda la nación. Más tarde me enteré que no habia sido un accidente como pensabamos, sino un repugnante acto de terrorismo.

Hoy esta página está dedicada a esos familiares y amigos a los que dicen ¿Porqué existen el dolor y la adversidad? Abraham Lincoln, uno de los padres de nuestra nación, se refirió así a la adversidad: "La adversidad no nos hace frágiles, pero si nos muestra lo frágiles que somos" Cuando perdemos la voluntad de luchar, de ganar y de salir adelante, estamos en desventaja de luchar contra esos enemigos que son el dolor, la injusticia, el odio, la adversidad y tantos sentimientos negativos que que van a golpear nuestra vida y a los que están cerca de nosotros. Hay circunstancias adversas que aunque nos sensibilizan, nos unen, y después traen sentimientos de compasión. Tambien nos hacen fuertes en este proceso de restauración de nuestra nación y de nuestros ciudadanos. Fuertes y unidos así somos los que componemos este gran país lleno de los ideales de libertad más hermosos que me atrevería a decir que ninguna otra nación tiene. Una nación donde todos gozamos de libertad sin importar la raza, color ni religión, las cuales son diversas y respetadas.

El dolor tiene secuela, trae consecuencias. Nos ataca de tal manera que no podemos llevar a acabo la meta y la tarea que tenemos por delante. Por ejemplo, hablemos de una de estas secuelas como la amargura. Ella es la actitud de la mente que se caracteriza por el rencor, la maldad, hostilidad, venganza, odio, causados por las profundas raíces de incapacidad. La amargura lleva de la mano a su amigo el resentimiento. Ya sea oculto o manifiesto, puede desarrollarse como resultado a la perdida de la privación de la vida o por ciertas o aparentes injusticias. Esto no nos ayudará a levantarnos de esta crisis, ya que invadirá nuestra alma como el comején y carcomerá nuestra mente de modo que no podamos volver a levantarnos como nación ejemplar al mundo y como personas dentro de nuestras comunidades y familias. Démosle paso a otros sentimientos como el consuelo. Este es una clase de ánimo y apoyo que proporciona ayuda y fortaleza en vez de lástima. Ejerzamos este sentimiento que nos da la habilidad de ayudar a otros, de escucharlos, de ofrecer aliento e interés genuino en el problema del amigo, del vecino, del compañero de trabajo, del familiar. Al proporcionarles consuelo a las vidas en necesidad, usted será como un miembro de la cruz roja emocional, que sale al socorro de personas en necesidad de ayuda y ánimo y es la inspiración de confianza, valentía y propósito al cual usted ha sido llamado como miembro de esta gran nación. De esta forma estaremos en el camino del triunfo máximo, recogiendo el soldado herido que no solamente se encuentra en una guerra o debajo de unos escombros, sino herido mentalmene, afectado emocionalmente. Seamos miembros activos de esa Cruz Roja emocional y no podrán paralizarnos…

Quiero usar algo que dijo el profeta Oseas refiriendose a Dios: "El nos curará y nos vendará…" ¡El nos curará, Estados Unidos de América! Así será. Estamos como voluntarios, hombro a hombro. Empuñando el arma que todo credo, toda religión, toda posición desde la Casablanca hasta el humilde empleado de construcción, desde el Presidente, la cámara, el Congreso, hasta esta servidora usa: "LA ORACION", que es el contínuo clamor del corazón que sabe que existe ese Dios Todopoderoso. Una vez más decimos: "hágase tu voluntad, asi como en los cielos, tambien en la tierra.

Olga Fernandez