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El Precio de la
Libertad
Con besos, abrazos y lágrimas en
los ojos, mis padres y yo nos despediamos de los vecinos de nuestro
barrio en la Habana, Cuba. Era el 6 de abril del año 1979. Después
de años de luchar por salir del país en busca de la libertad
añorada, nos paseabamos de casa en casa abrazando a personas, que
como a nosotros, ardía en sus corazones el poder vivir en una tierra
libre. Mi padre, quien era ex-preso político por tratar de escapar
del país, debía reportarse al conocido C.D.R., Comité de Defensa de
La Revolución, que básicamente es un grupo de personas que se
dedican a seguir tus movimientos, tus salidas y tus entradas, para
reportar todo al gobierno totalitario de Cuba. Nosotros que hemos
experimentado la falta de libertad, la persecución por tus ideas, la
negación de comprar comida para tu familia y las ráfagas de
ametralladoras por tratar de salir de un país, podemos apreciar
profundamente las libertades que disfrutamos en esta gran nación
llamada los Estados Unidos de América.
La mayoría de los Estadounidenses desconocen lo que es vivir sin
libertad y ¿como realmente saber lo que es la libertad hasta que la
hayas perdido? Existe una batalla, una guerra en contra de esta gran
nación. Existe un constante ataque a la libertad y a nuestra manera
de vivir que disfrutamos aquí. A esta nación se le declaró la guerra
un 11 de septiembre del 2001. Por un instante, por un breve período
de tiempo, los americanos se unieron y se dieron cuenta que nuestra
libertad estaba en juego y que era más importante el ocuparnos de
ella que ver un partido de fútbol en televisión o de ver estrellas
de cine que mueren después de vidas sin sentido. Estamos en una
batalla. Una guerra entre el bien y el mal. Una guerra por borrar
esta grán nación del mapa y apagar este faro de luz y libertad que
ha alumbrado el mundo por más de 200 años.
Se que muchos padres tienen ahora mismo a sus hijos en Iraq y
Aphghanistán. No hay nada más doloroso que perder un hijo y estoy
completamente seguro que las noches son bien difíciles para los
padres que piensan en esos muchachos que estan tan lejos. Debido a
que este conflicto es tan complicado y ha durado tanto, en ocasiones
me topo con personas que ya quieren que nuestros soldados regresen.
Yo tambien quiero que regresen y que más ninguno pierda su vida.
Pero en entrevistas hechas a los valientes soldados en Iraq, la
mayoría expresan con orgullo que ellos estan luchando por nosotros.
Estan batallando por la libertad, porque ese conflicto va más allá
de un país o una nación, es un conflicto entre el bien y el mal,
entre el terror y la paz. Yo no se si este conflicto se ganará o se
perderá, pero hoy yo puedo escribirles a ustedes este artículo
libremente porque americanos dieron sus vidas para que tu y yo
disfrutasemos de la libertad.
El Discurso de Gettysburg, el más famoso discurso de Abraham
Lincoln, fue pronunciado en la Dedicatoria del Cementerio Nacional
de los Soldados en la ciudad de Gettysburg, en Pensilvania, Estados
Unidos de América, el 19 de noviembre del 1863, cuatro meses y medio
después de la Batalla de Gettysburg durante la Guerra Civil
Norteamericana. Este discurso, aunque muy breve, ha sido considerado
con posterioridad como uno de los más grandes discursos en la
historia de la humanidad. Invocando los principios de igualdad de
los hombres consagrado en la Declaración de Independencia, Lincoln
redefinió la Guerra Civil como un nuevo nacimiento de la libertad
para los Estados Unidos de América y sus ciudadanos. Lincoln dijo
así:
“Hace 87 años, nuestros padres fundaron, en este continente, una
nueva nación cuya base es la libertad y la proposición de que todas
las personas son creadas iguales. Ahora estamos envueltos en una
gran guerra civil, probando si esta nación, o cualquier otra nación
así fundada, puede ser duradera. Estamos reunidos en un gran campo
de batalla de esa guerra. Hemos decidido dedicar una porción de este
campo, como lugar de descanso final para aquellos que dieron aquí
sus vidas para que esta nación pudiera sobrevivir. Es por tanto
apropiado y correcto que lo hagamos. Pero, por otra parte, no
podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar este
terreno. Los valientes hombres, vivos y muertos, que pelearon aquí,
ya lo consagraron, más allá de nuestras pobres facultades para
añadir o quitar. El mundo notará poco, ni mucho tiempo recordará lo
que decimos aquí, pero nunca podrá olvidar lo que ellos hicieron
aquí. Somos nosotros los vivos los que debemos dedicarnos aquí a la
obra inconclusa que aquellos que aquí pelearon hicieron avanzar tan
noblemente. Somos nosotros los que debemos dedicarnos a la gran
tarea que tenemos ante nosotros: que tomemos de estos honorables
muertos una mayor devoción a la causa por la que dieron su última
cuota de devoción, que tomemos la noble resolución de que estos
muertos no han de morir en vano, que esta nación, protegida por
Dios, nacerá de nuevo en libertad, y que este gobierno, del pueblo,
por el pueblo y para el pueblo, no perecerá jamás.” (Abraham
Lincoln, 19 de noviembre de 1863).
La próxima vez que te topes con un militar, dále la mano y dile
“gracias por lo que haces por nosotros.”
Jose Fernandez

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